La irracionalidad de una cosa no es un argumento en contra de su existencia, sino más bien una condición de la misma.
Frases célebres de Nietzsche. [Página 2]
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Nuestro orgullo es el que nos hace cumplir con nuestro deber
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Lo que llega a ser maduro necesita morir.
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La grandeza del hombre está en ser un puente y no una meta: lo que en el hombre se puede amar es que es un tránsito y un ocaso.
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La mentira santa es común a Confucio, al Código de Manú, a Mahoma, a la Iglesia cristiana — no falta en Platón. La verdad existe: esto significa, en cualquier lugar en que se lo oiga, el sacerdote miente...
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El amor prolongado es posible -aun siendo un amor feliz- porque no es fácil poseer a un ser humano hasta el final, conquistarlo hasta el final -siempre se abren fondos nuevos, cuartos traseros del alma nuevos, aún no descubiertos, y también hacia ellos al
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¡Dios está muerto! ¡Dios queda muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado!
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La madurez del hombre es haberse reencontrado, de grande, con la seriedad que de niño tenía al jugar.
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No puedo creer en un dios que quiera ser alabado todo el tiempo.
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Todo pensador profundo tiene más miedo a ser entendido que a ser malentendido.
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Hay siempre un poco de locura en el amor. Más también hay siempre un poco de razón en la locura.
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Soportamos más fácilmente la mala conciencia que la mala reputación
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Lo que es bueno y lo que es malo no lo sabe aún nadie, como no sea el creador.
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-EL hombre libre, y mucho más el espíritu libre, pisotea esa especie de bienestar despreciable con que sueñan los tenderos, los cristianos y las vacas.
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Los que más han amado al hombre le han hecho siempre el máximo daño. Han exigido de él lo imposible, como todos los amantes.
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El hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza.
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No se odia mientras se menosprecia. No se odia más que al igual o al superior.
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Cuanto más nos elevamos, más pequeños parecemos a quienes no saben volar.
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...el budismo no promete, sino que cumple, el cristianismo promete todo, pero no cumple nada.
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Hay almas esclavizadas que agradecen tanto los favores recibidos que se estrangulan con la cuerda de la gratitud.