Hermano: no nos preocupemos por el mañana. Aprovechemos este soplo de vida. Mañana todos abandonaremos esta posada y nos pareceremos a los muertos de hace diecisiete mil años.
Frases célebres de Omar Jayam. [Página 2]
Omar Jayam fue un matemático, astrónomo y poeta persa.
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Si los que aman el vino y el amor van al infierno, mañana verás el paraíso liso como la mano
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Bajo el verdor con un poco de pan, vino, el libro de un poeta, y tú cantando a mi lado en el desierto, ¡el desierto me sería un paraíso!
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Tú que vendes tu vino por dinero, ¿qué podrás comprar con el dinero que sea mejor que la embriaguez del vino?
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Sólo el vino te librará de tus cuidados. Sólo el vino te impedirá vacilar entre las setenta y dos sectas. No te apartes del mago que tiene el poder de trasladarte al país del olvido.
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Toma el efectivo y deja que el crédito se vaya.
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¡Todos los reinos de la tierra por un vaso de vino! ¡Toda la ciencia de los hombres por la suave fragancia del mosto fermentado! ¡Todas las canciones de amor por el grato murmullo del vino que llena nuestras copas!
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El alba vuelca sus rosas en la copa del cielo...
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Sólo alcancé la paz definitiva el día en que abandoné todo con desprecio y pude comprender, al fin, que no se puede afirmar ni negar nada.
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Abandónate al destino y adáptate a las circunstancias, pues lo que está escrito no se borra porque tú quieras
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Lámparas que se apagan, esperanzas que se encienden: la aurora. Lámparas que se encienden, esperanzas que se apagan: la noche.
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¿Sabes lo que te puede acontecer mañana? Ten confianza, pues, de lo contrario, no dejará el infortunio de justificar tus temores. No te apegues a nada. No interrogues los libros ni a los hombres: él destino es inescrutable.
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El vino es color de rosa. Quizás no sea la sangre de la vid, sino la sangre de las rosas.
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El ayer ya dispuso del hoy la suerte triste.
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Lámparas que se encienden, esperanzas que se apagan: la noche
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¿Por qué vendes tu vino, mercader?
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Dices que cada nueva mañana nos trae mil rosas; sí, pero ¿dónde están los pétalos de las rosas del ayer?
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A pesar de la felicidad que tuvimos, no añoro el pasado. ¡Es tan honda la dulzura del presente!
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¡Y pensar que hay insensatos que en esta misma hora sueñan con riquezas y distinciones! ¡Qué sedosa es tu cabellera, amada mía!
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Pues si todo lo tienes en el vino, dime, mercader, ¿por qué lo vendes?