La alegría no es más que una máscara de la tristeza.
Frases célebres de Ralph Waldo Emerson. [Página 10]
Ralph Waldo Emerson fue un escritor, filósofo y poeta estadounidense. Líder del movimiento del trascendentalismo a principios del siglo XIX. Sus enseñanzas contribuyeron al desarrollo del movimiento del Nuevo Pensamiento, a mediados del siglo XIX
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Jamás ha habido niño tan adorable que su madre no quisiera verlo dormido.
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Las personas parecen no darse cuenta de que su opinión acerca del mundo es también una declaración de su carácter.
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Es una de las más hermosas compensaciones de la vida, que ningún hombre pueda tratar de ayudar a otro sinceramente, sin ayudarse él mismo.
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El que persigue un sistema le tiene horror a la verdad
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Los hombres son los que sus madres han hecho de ellos.
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Las coherencias tontas son la obsesión de las mentes ruines.
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El hombre grande es aquel que en medio de las muchedumbres mantiene, con perfecta dulzura, la independencia de la soledad.
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Lo que está delante de nosotros y lo que está detrás es poco importante comparado con lo que reside en nuestro interior.
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Medite al atardecer, mirando las estrellas y acariciando a su perro, es un remedio infalible.
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Nada muere; los hombres fingen estar muertos y tienen que aguantar la parodia de sus funerales y afligidas necrológicas, y ahí están, de pie, mirando por la ventana, sanos y salvos, con un nuevo y extraño disfraz
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El hombre que hace que las cosas difíciles parezcan fáciles, es el educador.
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La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito.
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Grabad esto en vuestro corazón: cada día es el mejor del año.
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Insiste en ser tu mismo, nunca imites a nadie.
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La madurez es aquella edad en que uno ya no se deja engañar por sí mismo.
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No vayas a dónde el camino te pueda llevar; ves dónde no hay camino y deja un sendero
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El valor, la buena conducta y la perseverancia conquistan todas las cosas y obstáculos que quieran destruirlas y se interpongan en su camino.
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Nadie ha aprendido el sentido de la vida hasta que ha sometido a su ego para servir a sus hermanos.
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Una de las más bellas compensaciones de la vida consiste en que nadie puede tratar sinceramente de ayudar a otro sin que se ayude a sí mismo