Me crié pastando cabras, no bien aprendí a caminar. Desde que nací mi mamá empezó a llevarme en su espalda y así crecí encima de ella escuchando sus coplas. Y mi padre cantaba acompañado por la guitarra. Por eso salí cantor
Frases célebres de Tomás Lipán.
Tomás Lipán. Cantor folclórico argentino.
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A lo mejor tengo un concepto muy conservador de la vida artística, quizá porque conservo a mi padre como guía. Él era cantor, y nunca imaginó que su hijo iba a cobrar para cantar. Él nunca cobró un peso
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Cuando me fui de gira con Jaime, estuvimos por el sudeste asiático, anduvimos por Singapur, por Japón. Yo me volví loco, porque en mi tierra no conocía ni baño, ni sábanas, ni duchas, y de repente me encontraba en hoteles cinco estrellas. En 1992 veía a l
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Cuanto más querés a tu tierra, a tu gente, a tus tradiciones, más tenés que abrirte para reconocer otros modos de vida, que te permitan crecer, y no estoy hablando de cosas materiales
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Soy cantor desde siempre, desde que pasteaba mis cabras, que era la primera actividad que recuerdo de chico, y cantaba imitando a los mayores
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Yo nací sin profesionalismo: no me acerqué a la radio ni a la televisión. Siempre tomé la música como un profundo amor. De chico nunca se me ocurrió pensar que iba a cobrar por esto. Pero cuando la cosa es en grande, con traslados, grabaciones y cantidad
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Yo me pasaba semanas enteras tocando en los carnavales, por la satisfacción de hacerlo, no porque me iban a pagar. Ver que la gente se alegraba y se divertía era para mí una gran satisfacción. Iba a tocar la quena y cantaba los villancicos con los chicos
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Lo más importante de mi vida lo aprendí entonces, porque no comencé tocando por una cuestión comercial, para aparentar tal vez, sino por el gusto de hacerlo
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Me vine de Jujuy con una mano atrás y otra adelante, y allí era el único lugar donde podía asegurarme comida y techo. Ser soldado, para mí, fue un modo de supervivencia. Fue a fines de los ‘60, principios de los ‘70, una época brava, donde con la perrada
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El que no es discriminado no se da cuenta, pero yo lo sufrí. A lo mejor no lo hacen a propósito, pero se siente; tanto del lustrabotas como del banquero, el trato que uno recibe siempre es distinto, está entre el desprecio y la indiferencia. Y eso va prod