Nos rodeamos de aduladores porque no sospechamos de ellos: sus cumplidos nos parecen justificados, están muy por debajo de lo bien que pensamos de nosotros mismos.
Frases célebres de Tony Duvert. [Página 5]
Tony Duvert fue un escritor francés, autor de novelas y ensayos. Los temas principales de su obra son la pedofilia, la infancia, la crítica a la familia y la crítica a la educación sexual en la sociedad burguesa moderna. En 1973 ganó el Premio Médicis con
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¿Creer en Dios? Entonces habría que creer en los creyentes. Una fe insensata. Que se hagan creíbles. Después ya veremos si su ídolo es creíble.
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Todo salario merece trabajo, por lo menos un poco.
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Siempre se dice, en alabanza de las niñas, que ellas maduran mucho antes que los niños.
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Más que por los cromosomas, nos reproducimos influenciando, modelando, favoreciendo o combatiendo a otros.
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Me convierto en ciudadano del mundo cuando, presa de un sueño, me doy cuenta de que cada año nacen sobre la tierra treinta y nueve millones de niños. Veo un amanecer, un arco iris. Todos son bellos, qué duda cabe, y todos me hablan encantados: esa cifra m
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Los grandes hombres son niños de tres años que tienen la fuerza para imponer su locura.
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Los animales grises devastan el planeta: la rata, el ratón, los gorriones, las moscas, los mosquitos, el hombre occidental.
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Dicen que hay que restablecer la pena de muerte contra los asesinos de niños¹. Pero esos asesinos no existirían si previamente, cuando eran niñitos encantadores, hubieran sido violados y asesinados antes de crecer.
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Me alegra que mis peores defectos hayan perjudicado en algo a gente a la que no amaba.
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Temer –o amar– sólo a un hombre: a aquel que se conozca mejor de lo que yo me conozco a mí mismo. ¿Pero podré reconocerle?
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El hombre sólo es bueno cuando está solo, es decir, privado de toda víctima posible.
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Un hombre de cada cien es un hombre. Y sólo lo es porque los demás se lo impiden.
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No tenemos lágrimas suficientes para todas las desgracias del mundo, hay que reírse de algunas de ellas. De las tuyas, por ejemplo.
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Antiguamente, los reformatorios pretendían corregir a los niños indisciplinados. Hoy en día se les impone una psicoterapia. Castigo paciente que administran burguesas empalagosas, engreídas y perversas. Pero esas señoras no pegan: violan.
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No hay un instinto materno. Ante un niño, las mujeres tienen las mismas necesidades que ante un hombre: quieren complacerse.
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En Francia, la juventud es una cualidad que ahogamos a los veinte años y que admiramos en los ancianos.
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Qué maravilla, lloro de alegría y todo: cada año tengo un año menos que el año siguiente. Dios sabe cómo acabará esto.
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Todo el mundo teme a la policía, salvo aquellos contra quienes se supone que ha sido creada.
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¿Qué hombre no experimentaría el sentimiento de una decadencia si se convirtiera en policía? ¿Y quiénes son entonces los que aceptan sin escrúpulos esas tareas degradantes? ¿A quiénes les gustaba, antaño, ser verdugos, torturadores, matar en nombre de la