Si quieres seguir siendo por largo tiempo el amante de una mujer, debes intentar ser también en este aspecto su... mano derecha.
Frases célebres de Walter Serner.
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Alaba a menudo. Admira rara vez. No critiques nunca.
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Saluda también con los ojos o con una sonrisa. Nunca con la boca.
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Las personas interesantes por decirlo así son siempre un poco brutales.
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Durante siglos, a todas las cosas se les suscribieron profundidades que en verdad nunca han tenido. Esto ha sido la causa de grandes desgracias. Banaliza todo; cosecharás éxitos y sembrarás oportunidades.
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No dramatices nunca, simplifica siempre.
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Todo el mundo se alegra de poder juzgar. Si temes, pues, que alguien pudiera condenar alguna de tus características, llévalo mañosamente a que condene esta misma característica en otra persona. Así se olvidará de la tuya y pensará que se ha equivocado.
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No debes hablar cínicamente con mucha frecuencia. Pero debes serlo siempre.
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Nunca te muestres con una chica que aparente tener doce años. Pero muéstrate sin miedo con una de doce que parezca tener diecisiete. La apariencia lo es todo.
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Habla irónicamente sin sonreír. Sonríe sin hablar.
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El mundo quiere ser engañado. Y se pondrá seriamente furioso si no lo haces.
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¿Cuándo eres realmente viejo? Cuando ya no te causa placer tener un público.
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No te burles de nadie. A fin de cuentas, nadie entiende una broma que se hace a costa suya.
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Nadie es tan tonto como para que no puedas, después de tres días, convencerlo de que es un genio.
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No seas demasiado interpretativo. El hombre es mucho más irreflexivo y confuso de lo que piensan aquellos a quienes un destino envidioso ha convertido en poetas.
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Si alguien te asalta con una pregunta, una observación, aparenta estar un poco confundido: como si te hubiera sacado de tus reflexiones.
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Haz como si tomaras la vida en serio. Los listos, si te creen, te considerarán digno de confianza; si no te creen, te tomarán por listo.
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Aquél que afirma que la vida es bella y los hombres buenos es, o bien un imbécil, o bien uno del que deberías tener mucho cuidado.
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Estrictamente hablando, no hay ni amos ni lacayos. Todos somos esclavos de nuestras capacidades y nuestros temperamentos. Ten esto siempre en cuenta y no te resultará difícil controlarte a ti mismo ni a los demás.
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Cuando estés mal, harás bien en intentar ocultarlo. Pero si gozas de éxito, a tu alrededor surgirán odios y envidias, así que finge un malestar pulmonar o un dolor de riñones y cómprate una sepultura: todo enemistad se desvanecerá.