Cada fracaso enseña al hombre algo que necesitaba aprender.
Abre los pulmones, lava el semblante, ejercita los ojos y suaviza el temperamento; así que llora.
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Cuando lo hayas encontrado, anótalo.
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Cuanto más engorda uno, más prudente se vuelve. Prudencia y barriga son dos cosas que crecen simúltaneamente.
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Donde millones de hombres se arredraron, allí empieza tú a trabajar.