Las armas que más brillan en mis manos y con ellas tengo que transformar la vida.
Alondra de mi casa, riéte mucho.
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Adiós, hermanos, camaradas y amigos
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Aunque el otoño de la historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido,
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Quien se para a llorar, quien se lamenta contra la piedra hostil del desaliento,