Las armas que más brillan en mis manos y con ellas tengo que transformar la vida.
Frases célebres de Miguel Hernández.
Miguel Hernández Gilabert (30 de octubre de 1910, Orihuela, Alicante, España - 28 de marzo de 1942, Alicante. Poeta y dramaturgo de especial relevancia en la literatura española del siglo XX.
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Adiós, hermanos, camaradas y amigos
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Alondra de mi casa, riéte mucho.
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Aunque el otoño de la historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido,
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Quien se para a llorar, quien se lamenta contra la piedra hostil del desaliento,
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¿Qué poco vale uno ya! Hasta las ratas se suben a ensuciar la azotea de los pensamientos. Esto es lo que hay de nuevo en mi vida: ratas. Ya tengo ratas, piojos, pulgas, chinches, sarna. Este rincón que tengo para vivir será muy pronto un parque zoológico,
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Muchos tragos es la vida y un solo trago es la muerte
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No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida.
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Ríete tanto que mi alma al oírte bata el espacio.
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Aquí estoy para vivir mientras el alma me suene, y aquí estoy para morir, cuando la hora me llegue, en los veneros del pueblo desde ahora y desde siempre. Varios tragos es la vida y un solo trago es la muerte
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Desperté de ser niño. Nunca despiertes. Triste llevo la boca. Ríete siempre. Siempre en la cuna, defendiendo la risa pluma por pluma
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El mundo es como aparece ante mis cinco sentidos, y ante los tuyos que son las orillas de los míos
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Tristes guerras si no es amor la empresa. Tristes. Tristes. Tristes armas si no son las palabras. Tristes. Tristes. Tristes hombres si no mueren de amores. Tristes. Tristes
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Una gota de pura valentía vale más que un océano cobarde
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¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla, pero qué injustamente arrebatada! No sabe andar despacio, y acuchilla cuando menos se espera su turbia cuchillada
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Sangre que no se desborda, juventud que no se atreve, ni es sangre, ni es juventud, ni relucen, ni florecen
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No sé qué es de mi oreja sin tu acento, ni hacia qué polo yerro sin tu estrella, y mi voz sin tu trato se afemina. Los olores persigo de tu viento y la olvidada imagen de tu huella, que en ti principia, amor, y en mí termina
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Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento
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Ayer amaneció el pueblo desnudo y sin qué ponerse, hambriento y sin qué comer, el día de hoy amanece justamente aborrascado y sangriento justamente
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España, piedra estoica que se abrió en dos pedazos de dolor y de piedra profunda para darme: no me separarán de tus altas entrañas, madre