Cada día me parecía como un tesoro, como algo inapreciable. Empecé a darme cuenta de ello y entonces me acostaba lleno de alegría y me levantaba más feliz todavía.
A veces conviene soñar
Imágenes
Más de Fiódor Dostoyevski
-
-
¡Cuán bueno hace al hombre la dicha! Parece que uno quisiera dar su corazón, su alegría. ¡Y la alegría es contagiosa!
-
Cuando reconozco a un hermano en mi prójimo, sólo entonces soy hombre.
-
¿Cuándo... cuándo en el curso de estos miles de años un hombre ha actuado en consecuencia de sus propios intereses?