A veces conviene soñar
Frases célebres de Fiódor Dostoyevski.
Fiódor Mijáilovich Dostoyevski fue un novelista ruso del siglo XIX. Autor de Los hermanos Karamázov, El idiota, Crimen y castigo y Los endemoniados, entre otras obras.
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Cada día me parecía como un tesoro, como algo inapreciable. Empecé a darme cuenta de ello y entonces me acostaba lleno de alegría y me levantaba más feliz todavía.
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¡Cuán bueno hace al hombre la dicha! Parece que uno quisiera dar su corazón, su alegría. ¡Y la alegría es contagiosa!
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Cuando reconozco a un hermano en mi prójimo, sólo entonces soy hombre.
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¿Cuándo... cuándo en el curso de estos miles de años un hombre ha actuado en consecuencia de sus propios intereses?
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Degradamos excesivamente a la providencia al atribuirle, enojados por no comprenderla, nuestros conceptos
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Después de un fracaso, los planes mejor elaborados parecen absurdos
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El deseo es una manifestación de toda la vida humana, y aunque en esta manifestación nuestra vida revela a menudo toda su miseria, sigue siendo vida y no la mera extracción de una raiz cuadrada.
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El grado de civilización de una sociedad se mide por el trato a sus presos.
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El hombre con dinero es hombre en todos los sitios..
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El hombre debe ganar su felicidad mediante el sufrimiento: es la ley de la tierra.
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El hombre teme la muerte porque ama la vida.
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El hombre todo lo hace con algún designio...
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El presidiario sabe perfectamente que es un prisionero, que es un réprobo, y conoce la distancia que le separa de sus superiores; pero ni estigmas ni cadenas le harán olvidar que es un hombre..
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El secreto de la existencia humana no sólo está en vivir, sino también en saber para qué se vive.
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En cambio sé con certeza lo siguiente: una vez se me ha permitido que tenga consciencia de que yo existo, ¿qué me importa que el mundo se haya construido con errores y que no pueda existir de otro modo? ¿Quién, después de esto, me va a juzgar y por qué?
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En nuestro planeta sólo podemos amar sufriendo y a través del dolor. No sabemos amar de otro modo ni conocemos otra clase de amor.
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En toda mi vida he visto a un hombre más tímido; es tímido hasta la estupidez, y él lo sabe, naturalmente, porque de estúpido no tiene nada.
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Es culpa mía, culpa mía personal, si el mundo va mal.
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Es igual que me perdones o no, toda la vida serás en mi alma una llaga, y yo en la tuya: así debe ser....