Las blancas y polvorientas calles del pueblo, repletas de mugre y forraje, la antigua iglesia sin ventanas con sus tres enormes campanas españolas que colgaban de un travesaño exterior, y una nube de incienso azul que brotaba del agujero de la puerta en e
Caminaba pesadamente en medio del polvo detrás del caballo del capitán Félix Romero. Ya llevaba trotando cuarenta kilómetros. El nunca le hablaba, nunca miraba hacia atrás, cabalgaba sin preocupación alguna. Algunas veces se cansaba de llevar su rifle y s
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Para un mexicano es muy fácil ordenar un retrato, un piano, o un automóvil mientras no tenga que pagarlo. Esto le da una sensación de riqueza.
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Algunas veces, un refugiado rico, con una buena cantidad de oro cosido a las mantas de su silla de montar atravesaba el río sin que los federales lo descubrieran. Había seis grandes y poderosos automóviles en Presidio esperando a tales víctimas. Les cobra
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–Todos somos tan pobres ahora –dijo–. Un poquito de agua, algunos frijoles, tortillas... es todo lo que comemos en esta casa...