Las blancas y polvorientas calles del pueblo, repletas de mugre y forraje, la antigua iglesia sin ventanas con sus tres enormes campanas españolas que colgaban de un travesaño exterior, y una nube de incienso azul que brotaba del agujero de la puerta en e
Frases célebres de John Reed.
John Reed , periodista, dirigente obrero y activista comunista norteamericano. Fue uno de los fundadores del Partido Comunista de EE. UU
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Para un mexicano es muy fácil ordenar un retrato, un piano, o un automóvil mientras no tenga que pagarlo. Esto le da una sensación de riqueza.
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Algunas veces, un refugiado rico, con una buena cantidad de oro cosido a las mantas de su silla de montar atravesaba el río sin que los federales lo descubrieran. Había seis grandes y poderosos automóviles en Presidio esperando a tales víctimas. Les cobra
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–Todos somos tan pobres ahora –dijo–. Un poquito de agua, algunos frijoles, tortillas... es todo lo que comemos en esta casa...
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—Sacerdotes sinvergüenzas —gritaba uno—. ¡Quién viene cuando estamos tan pobres y se lleva el diezmo de lo que tenemos!
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¿Iba a pelear con ellos? ¿De dónde era? ¿Qué estaba haciendo? La mayoría de ellos nunca había oído hablar de periodistas; uno de ellos arriesgó la oscura opinión de que yo era un gringo y un porfirista, de que debía ser fusilado. El resto, sin embargo, se
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—¿Qué me importan las órdenes? —chilló—. No queremos corresponsales. No queremos palabras impresas en un libro. Queremos rifles y matar, si morimos estaremos junto con los ángeles ¡cobarde! ¡huertista!..
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Al amanecer me levanté al ruido de disparos, una trompeta vieja sonaba sin freno. Juan Sánchez estaba de pie frente al cuartel, tocando la diana; no sabía cuál era el toque de diana, así es que los tocaba todos. Patricio había lazado una res para el desay
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–¡Agua! –gritamos gozosos, galopando colina abajo. Los caballos del coche ya estaban en el río con Patricio. Saltando de sus monturas, la tropa se arrojó sobre su estómago, hombres y caballos por igual metieron la cabeza, y bebimos, y bebimos... Fue la se
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–Estas son las últimas noticias para que lleven a su gente. Ya no habrán más palacios en México. Las tortillas del pobre son mejores que el pan del rico ¡vengan!..
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—Mi familia no le debe nada a la Revolución dijo Gino con orgullo—. Otros han tomado dinero, caballos y vagones. Los jefes del ejército se han hecho ricos de la pobreza en las grandes haciendas. Los Güereca le habían dado todo a los maderistas, sin haber
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—Mire, mi coronel —estalló Salazar con violencia inesperada—. Este señor es un espía. Todos los americanos son porfiristas y huertistas. Haga caso de esta advertencia antes de que sea demasiado tarde. Tengo mucho en la cabeza. Soy un hombre muy listo. Saq
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Caminaba pesadamente en medio del polvo detrás del caballo del capitán Félix Romero. Ya llevaba trotando cuarenta kilómetros. El nunca le hablaba, nunca miraba hacia atrás, cabalgaba sin preocupación alguna. Algunas veces se cansaba de llevar su rifle y s
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Apresurémonos, amigos, a terminar la revolución; aquel que la prolongue demasiado no cosechará los frutos...
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…los soldados trataban de resolver por sí mismos, desertando, la cuestión de la paz. Los campesinos quemaban las casas señoriales y se apoderaban de las grandes propiedades, los obreros saboteaban la industria y se declaraban en huelga...
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Desde febrero de 1917, en que la multitud de obreros y soldados que venía como un mar embravecido a azotar contra los muros del Palacio de Táuride había obligado a la Duma imperial a asumir contra su gusto el poder supremo, fueron las masas populares, obr
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La impotencia y la indecisión de este gobierno en perpetuo reajuste proporcionaba a los bolcheviques un argumento irrefutable. No tardaron, pues, de nuevo, en hacer resonar entre las masas su grito de guerra: ¡Todo el poder a los Soviets! Y realmente no e
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El invierno, el terrible invierno ruso, se aproximaba. Yo había oído decir a los hombres de negocios: El invierno ha sido siempre el mejor amigo de Rusia. Acaso sea él quien nos libre de la revolución. En el frente, helado, los miserables ejércitos seguía
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Los especuladores se aprovechaban del desorden general para amasar fortunas que dilapidaban en orgías fantásticas o en pagar a los funcionarios. Acaparaban stocks de víveres o de combustibles y los exportaban clandestinamente a Suecia. Durante los cuatro
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En esta atmósfera de corrupción y de monstruosas verdades a medias, sólo se oía una nota clara, el llamamiento de los bolcheviques, más penetrante cada día: ¡Todo el poder a los Soviets! ¡Todo el poder a los representantes directos de millones de obreros,