Un Falconeri debe estar a nuestro lado, por el rey.
Como siempre, la consideración de su muerte lo serenaba tanto como lo turbaba la muerte de los demás. Tal vez porque, a fin de cuentas, su muerte era el final del mundo.
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Su vanidad es más grande que su miseria.
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Mientras hay muerte, hay esperanza.
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Descendió al fondo del espíritu humano, y naturalmente llegó al infierno.