Sólo por escuchar los trombones de Dios, tu corazón bate al ritmo de la sangre, tu sangre.
Contrariamente al europeo clásico, el negroafricano no se distingue del objeto, no lo mantiene a distancia, no lo mira, no lo analiza. Lo toca, lo palpa, lo huele.
Imágenes
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Ni el tam-tam ni la voz dan ya ritmo a los gestos de las estaciones.
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Basta con nombrar la cosa para que aparezca el significado bajo el signo.
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La palabra se hace poema.