Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me dio dos luceros que, cuando los abro, perfecto distingo lo negro del blanco, y en el alto cielo su fondo estrellado, y en las multitudes el hombre que yo amo.
Corazón maldito sin miramiento, sí sin miramiento, ciego, sordo y mudo de nacimiento, sí, de nacimiento. Me das tormento.
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Tenga calma la compaña ya viene la despedida; la poca sabiduría mis ocurrencias empaña. Siempre la suerte me engaña por mucha ilusión que tenga; que la fuerza me sostenga si el sacrificio es en vano, y no me condene, hermano: no hay mal que por bien no ve
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Son tus ojos los que busco, son tus labios los que quiero ver sonreír.
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Me gusta sentarme en la tierra porque sé que estoy firme y sentir la naturaleza en mí. Palparla con mis manos y sentirme cerca de ella para poder olerla