El que vea una luz en la oscuridad de mi corazón que prenda una vela.
Deja en su musgo errar mis dedos, ahí donde brilla el botón de rosa: déjame, entre la hierba clara, beber las gotas de rocío, ahí donde la tierna flor está rociada; para que el placer, amada mía, ilumine tu frente cándida como, al alba, el azul tímido.
Imágenes
Más de Paul Verlaine
-
-
La independencia siempre fue mi deseo; la dependencia siempre fue mi destino.
-
Prends l’éloquence et tords lui le cou.
-
Los sollozos más hondos del violín del otoño son igual que una herida en el alma de congojas extrañas sin final.