Por la carne también se llega al cielo. Hay pájaros que sueñan que son pájaros y se despiertan ángeles.
Donde el silencio ya no dice nada porque nadie lo oye; a esta hora que no es la noche aún sino en los vacuos rincones en que ardieron nuestros ojos; donde la rosa no es ya sino el nombre sin rosa de la rosa y nuestros dedos no saben ya el contorno de las
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El Corazón. Yo lo usaba en los ojos.
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Y no habré oído nunca lo que nadie me dijo: tu nombre, poesía.
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La noche, que me espía por el ojo de la cerradura del sueño, gotea estrellas de ruidos inconexos.