Me retraigo, y entonces le enseño a ella a ser victoriosa al perseguirme. Retrocedo sin cesar, y con este movimiento hacia atrás le enseño a conocer a través de mí todos los poderes del amor erótico, sus turbulentas ideas, su pasión, lo añorante que es, y
La vida sólo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante.
La puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla: si uno la empuja, la cierra cada vez más.