Sólo por escuchar los trombones de Dios, tu corazón bate al ritmo de la sangre, tu sangre.
El francés es como los grandes órganos, que se prestan a todos los timbres, a todos los efectos, desde las dulzuras más suaves hasta los fulgores de la tempestad. Es, primero y luego o a la vez, flauta, oboe, trompeta, tam-tam e incluso cañón.
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Ni el tam-tam ni la voz dan ya ritmo a los gestos de las estaciones.
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Basta con nombrar la cosa para que aparezca el significado bajo el signo.
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La palabra se hace poema.