Una casa de Dios es el estómago vacío de un pobre: quien lo sacia, cumple también la voluntad de Dios.
El hombre que comenzó siendo un bribón nunca será un hombre de bien: del vino se hace con facilidad vinagre, pero jamás del vinagre vino.
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Quien se siente bien en su casa no se marcha lejos. Los viajes para descubrir otros mundos demuestran la insatisfacción universal.