Una, cuando me engendraron. Y otra, cuando yo me inventé.
El metro de la Ciudad de México es mío, me lo regalo mi marido Alex Berger
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El dinero no da la felicidad, ah, pero como calma los nervios.
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Mire, señorita, yo he estado muy ocupada viviendo mi vida y no he tenido tiempo para contarla.
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Si todos los hombres fueran tan feos como usted, claro que sería lesbiana.