Las blancas y polvorientas calles del pueblo, repletas de mugre y forraje, la antigua iglesia sin ventanas con sus tres enormes campanas españolas que colgaban de un travesaño exterior, y una nube de incienso azul que brotaba del agujero de la puerta en e
El Soviet de Petrogrado estaba reunido noche y día. Al entrar yo en el gran salón, Trotzki terminaba su discurso: Se nos pregunta -decía- si tenemos la intención de lanzarnos a la calle. Puedo dar una respuesta clara a esta pregunta. El Soviet de Petrogra
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Algunas veces, un refugiado rico, con una buena cantidad de oro cosido a las mantas de su silla de montar atravesaba el río sin que los federales lo descubrieran. Había seis grandes y poderosos automóviles en Presidio esperando a tales víctimas. Les cobra
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–Todos somos tan pobres ahora –dijo–. Un poquito de agua, algunos frijoles, tortillas... es todo lo que comemos en esta casa...