A ese Dios invisible, lo encontramos en las cosas más visibles y materiales.
El trabajo es la vocación inicial del hombre, es una bendición de Dios, y se equivocan lamentablemente quienes lo consideran un castigo.
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A Jesús siempre se va y se vuelve por María.
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Agradece, como un favor muy especial, ese santo aborrecimiento que sientes de ti mismo.
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Bendito sea el dolor. Amado sea el dolor. Santificado sea el dolor... ¡Glorificado sea el dolor!