Después de todo, todo ha sido nada, a pesar de que un día lo fue todo. Después de nada, o después de todo supe que todo no era más que nada.
El viento no escucha. No escuchan las piedras, pero hay que hablar, comunicar, con las piedras, con el viento.
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Eras de vientos y de otoños, eras de agrio sabor a frutas, eras de playas y de nieblas, de mar reposando en la bruma, de campos y albas ciudades, con un gran corazón de música.
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Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses
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Llegué por el dolor a la alegría. Supe por el dolor que el alma existe