A veces es mejor encender un lanzallamas que maldecir a la oscuridad.
Era el tipo de cosas que se podría esperar en la Calle de los Alquimistas. Los vecinos preferían las explosiones, que al menos eran identificables y se acababan pronto. Eran mejores que los olores, que te acechaban.
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Hay una vieja maldición, dice: Ojalá vivas tiempos interesantes.
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— Es sólo que está perdiendo memoria. Tuvimos algunos problemas con eso. Se lo dije, es violar a las mujeres y prender fuego a las aldeas.
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Probablemente el último sonido antes de que el Universo se repliegue sobre sí mismo, será alguien diciendo: ¿Qué ocurre si aprieto esto?