Adherida a tu velocidad, como la hoja a la rueda, lancé tímidas flechas a tus paisajes soberbios. Y sólo pequeños rincones de formas recogió mi corazón adormecido.
Hombre pequeñito que jaula me das. Digo pequeñito porque no me entiendes, ni me entenderás. Tampoco te entiendo, pero mientras tanto ábreme la jaula que quiero escapar. Hombre pequeñito, te amé media hora, no me pidas más.
Imágenes
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Ah, me resisto, mas me tienes toda, tú, que nunca serás del todo mío.
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Alma: ¿Dónde está el oro aquel que viste? Todo ha cambiado cuando estuvo enfrente; Mis ojos tocan realidad tan triste Que digo: es el presente.
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Baja: mi corazón te está pidiendo. Podrido está; lo entrego a tus cuidados. Pasa tus dedos blancos suavemente sobre él.