Al castigar al delincuente se le honra como ser racional.
La providencia divina es, en efecto, la sabíduria según una potencia infinita, que realiza sus fines, esto es, el fin último, absoluto y racional del mundo. La razón es el pensamiento, el nous, que se determina a sí mismo con entera libertad.
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Al hablar de un pueblo, hemos de exponer las potencias en que su espíritu se particulariza.
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Amasis publicó una ley según la cual todo egipcio quedaba obligado a presentarse a su superior, en cierta fecha, y a declarar de dónde sacaba sus medios de vida; si no podía explicarlo, era condenado a muerte.
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Aquel para quien el pensamiento no sea lo único verdadero, lo supremo, no puede juzgar en absoluto el modo filósofico.