El primer grado o categoría del respeto social nos obliga a la urbanidad y a la cortesía.
Las naciones, en su conducta de unas para con las otras, pueden imaginarse como unas personas más amplias que las humanas, pero que debieran gobernarse conforme a iguales principios de bien y de justicia.
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Nunca se conforma el hombre con lo que ya encuentra.
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Cuando el gobierno que no es lo mismo que la ley comienza a contravenir las leyes, o a desoír los anhelos de reforma que el pueblo expresa, sobrevienen las revoluciones. Estos hechos históricos no son delitos en sí mismos, aun cuando en la práctica se los
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El libro enriquece igualmente la soledad y la compañía... La vida muere, los libros permanecen.