Otras me amaron más, y, sin embargo, a ninguna la quise como a ella.
Leyendo un libro, un día, de repente, hallé un ejemplo de melancolía: Un hombre que callaba y sonreía, muriéndose de sed junto a una fuente.
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No, nada llega tarde, porque todas las cosas tienen su tiempo justo, como el trigo y las rosas.
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Cumple la ley suprema de desdeñarlas todas, sobre el cuerpo desnudo no envejecen las modas.
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Espero tu sonrisa y espero tu fragancia por encima de todo, del tiempo y la distancia.