Un Falconeri debe estar a nuestro lado, por el rey.
Los celos personales, el resentimiento del gazmoño contra el primo despreocupado, del tonto contra el muchacho despabilado, se disimulaban con argumentaciones políticas.
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Su vanidad es más grande que su miseria.
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Mientras hay muerte, hay esperanza.
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Descendió al fondo del espíritu humano, y naturalmente llegó al infierno.