Cuando bordeamos un abismo y la noche es tenebrosa, el jinete sabio suelta las riendas y se entrega al instinto del caballo.
Me agradan las mujeres hermosas que se lavan con agua pura, los chistosos que no preparan sus chistes y los literatos que escriben sin pensar en la imprenta.
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No hay nada más triste que la tristeza de un hombre alegre
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Lo más triste es la tristeza de una persona alegre.
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Triste es llegar a una edad en que todas las mujeres agradan y no es posible agradar a ninguna.