Te amo. Eres el preludio y el epílogo de mi alma.
Me encontré con Helena un martes, a las tres, la hora del interminable hastío. Pero escuchar la lluvia con una mujer como Helena es un himno al viaje.
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Me callo, grito. No hay un momento para gritar o para callar. Tú eres mi único grito. Tú eres mi único silencio.
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Con siete almohadas rellenas de nubes ligeras, la espero.
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Día a día, la infancia crece en mí y deseo vivir porque si muero, sentiré vergüenza de las lágrimas de mi madre.