El mundo no está precisamente loco, pero sí demasiado decente.
No hay más alegría que la de ser un hombre bien vestido.
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¿Quieres tú saber de mi vida? Yo sólo sé de mi paso, de mi peso, de mi tristeza y de mi zapato.
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Tu corazón es una bocina prohibida por las ordenanzas de tráfico.
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El puerto, lleno de niebla, está demasiado romántico...