El mundo no está precisamente loco, pero sí demasiado decente.
Frases célebres de Martín Adán.
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¿Quieres tú saber de mi vida? Yo sólo sé de mi paso, de mi peso, de mi tristeza y de mi zapato.
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Tu corazón es una bocina prohibida por las ordenanzas de tráfico.
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El puerto, lleno de niebla, está demasiado romántico...
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Soy un animal acosado por su ser, que es una verdad y una mentira.
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La desesperación hace el domingo el lunes, y hace oler desayunos en todas las mañanas.
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Yo no soy un gran hombre -yo soy un hombre cualquiera que ensaya las grandes felicidades.
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¡Por la eternidad intacta, por el designio incesante, por la persona infinita y por la obra interminable!
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Sentí una necesidad agónica, toxicomaníaca, de inhalar, hasta reventarme los pulmones, el olor de ella: olor de escuelita, de tinta china, de encierro, de sol en el patio, de papel del estado, de anilina, de tocuyo vestido a flor de piel -olor de la tinta
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¡Sabiduría infinita de no saber olvidarte!
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No hay más alegría que la de ser un hombre bien vestido.
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Dios se encarna en un niño que busca los juguetes de tus manos.
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Lejos, caía lluvia del cielo de tus manos -un cielo pequeñito, lívido, solitario-.
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¡Clava en tu carne tu hueso y echa a morder en el aire, que Dios no quiere contigo sino errar adivinándote!
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No estoy muy convencido de mi humanidad; no quiero ser como los otros. No quiero ser feliz con permiso de la policía.
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Prosa dura y magnífica de las calles de la ciudad sin inquietudes estéticas. Por ellas se va con la policía a la felicidad.
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Y la vida es eterna, aunque yo no lo diga. Y la vida es lo que soy, en el llanto o el gozo. Y la vida es cualquiera instante que se siga.
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La toda tuya vida es como cada ola: saber matar, saber morir, y no saber retener su caudal, y no saber discurrir y volver a su principio, y no saber contenerse en su afán...
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La justicia es unas estatuas feas en las plazas de las ciudades. Ninguna de ellas me gusta ni poco ni mucho -no son diosas ni mujeres. Yo amo la justicia de las mujeres sin túnica y sin divinidad.