Sin conocimiento de uno mismo no hay conocimiento de Dios.
No hay un poco de brizna de hierba, no hay color en este mundo que no tenga la intención de hacer que los hombres se regocijen.
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Hay que recordar que el diablo tiene sus milagros, también.
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La mente del hombre es como una tienda de idolatrías y supersticiones.
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La tortura de una mala conciencia es el infierno de un alma viviente.