El que puede gobernar su voluntad es mil veces más afortunado que si pudiese gobernar al mundo.
No tenemos necesidad de otros mundos. Lo que necesitamos son espejos. No sabemos qué hacer con otros mundos. Un solo mundo, nuestro mundo, nos basta, pero no nos gusta como es. Buscamos una imagen ideal de nuestro propio mundo.
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Las ideas, como las pulgas, saltan de un hombre a otro. Pero no pican a todo el mundo.