Pero más, más ternura trae la caricia. Lentas, las manos se demoran, vuelven, también contemplan.
Amigos. Nadie más. El resto es selva.
¡Tú, tú, tú, mi incesante primavera profunda mi río de verdor agudo y aventura!
Dormías, los brazos me tendiste y por sorpresa rodeaste mi insomnio.
Calor, amor. La historia tras la puerta.