El hombre de antaño no se parecía al de hoy. Nunca hubiese aquél formado parte de este rebaño que las democracias plutocráticas, marxistas o racistas alimentan para la fábrica y el osario.
Quien no ha visto en la carretera el alba, entre dos hileras de árboles, fresca y viva, no sabe que es la esperanza.
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