El que puede gobernar su voluntad es mil veces más afortunado que si pudiese gobernar al mundo.
¿Resignarse entonces a la idea de ser un reloj que mide el transcurso del tiempo, ya descompuesto, ya reparado, y cuyo mecanismo tan pronto como el constructor lo pone en marcha, engendra desesperación y amor?
Imágenes
Más de Stanisław Lem
-
-
El truco de la eliminación es el reflejo defensivo de cualquier experto.
-
La fe es, al mismo tiempo, absolutamente necesaria y completamente imposible.
-
Las ideas, como las pulgas, saltan de un hombre a otro. Pero no pican a todo el mundo.