Sólo por escuchar los trombones de Dios, tu corazón bate al ritmo de la sangre, tu sangre.
Sangre, oh sangre negra de mis hermanos, ensuciáis la inocencia de mis telas, sois el sudor en el que se baña mi angustia, sois el sufrimiento que engola mi voz.
Imágenes
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Ni el tam-tam ni la voz dan ya ritmo a los gestos de las estaciones.
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Basta con nombrar la cosa para que aparezca el significado bajo el signo.
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La palabra se hace poema.