Hay dos momentos hermosos en la vida: el momento en que uno se separa de una persona que aborrece, y el momento en que vuelve a unirse con otra persona que quiere.
Se acostó en su cama, y se durmió tranquilamente, con el sueño no del justo sino del egoísta.
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¡Adiós! Nunca me olvides, y aquella estrella amiga siempre a tu mente diga que estoy pensando en ti...
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Sintió que su corazón se ensanchaba, y poniendo sobre él su mano, exclamó con acento conmovido: - ¡Qué dulce debe ser amar!
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Mi caballo era ligero como la luz del lucero que corre al amanecer; cuando al galope partía al instante se veía en los espacios perder.