A los hombres fuertes les pasa lo que a los barriletes; se elevan cuando es mayor el viento que se opone a su ascenso.
Sobresalir es incomodar; las medianías se creen insuperables y no se resignan a celebrar el mérito de quien las desengaña. Admirar a otros es un suplicio para los que en vano desean ser admirados. Toda personalidad eminente mortifica la vanidad de sus con
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Admitamos que la primera vez se ofende por ignorancia; pero creamos que la segunda suele ser por villanía.
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Amar es sufrir amablemente; es gozar de una ansiedad perenne, de un sobresalto siempre renovado.
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El ambicioso quiere ascender, hasta donde sus propias alas puedan levantarlo; el vanidoso cree encontrarse ya en las supremas cumbres codiciadas por los demás.