El mayor fiscal de mis obras soy yo.
Tú, ave peregrina, arrogante esplendor -ya que no bello- del último occidente: penda el rugoso nácar de tu frente sobre el crespo zafiro de tu cuello, que himeneo a sus mesas te destina.
Imágenes
Más de Luis de Góngora y Argote
-
-
Hoy hacen amistad nueva
-
Las palabras, cera; las obras acero.
-
Mal te perdonarán a ti las horas,