Una luz fresca chorreaba de oro el campo.
Me fui, como quien se desangra.
En derredor, los pastizales renacían en silencio, chispeantes de rocío.
El sueño cayó sobre mí como una parva sobre un chingolo.
Rezar, dejar sencillamente fluir mi tristeza. No sé cuantas cosas se amontonaron en mi soledad.