Me fui, como quien se desangra.
Frases célebres de Ricardo Güiraldes.
Ricardo Güiraldes , destacado novelista y poeta argentino. Su genialidad poética y elevada inspiración metafórica hicieron que dentro de sus narraciones se puedan hallar expresiones de alto contenido alegórico, que bien pasan a transformarse en "citas" d
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En derredor, los pastizales renacían en silencio, chispeantes de rocío.
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El sueño cayó sobre mí como una parva sobre un chingolo.
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Una luz fresca chorreaba de oro el campo.
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Rezar, dejar sencillamente fluir mi tristeza. No sé cuantas cosas se amontonaron en mi soledad.
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Tango fatal, soberbio y bruto. Notas arrastradas, perezosamente, en un teclado gangoso. Tango severo y triste. Tango de amenaza. Baile de amor y muerte.
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Estaba por vivir un momento triste. El momento en que en mi vida representaría, más que ningún otro, un desprendimiento.
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Y nosotros pasamos, como sobre un cutis que ama al contacto de una caricia, corre un tropel de mil vidas sensitivas, que nacen, gozan, sufren y mueren.
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Símbolo pampeano y hombre verdadero, generoso guerrero, amor, coraje, ¡salvaje! gaucho, por decir mejor. Ropaje suelto de viento, protagonista de un cuento vencedor.
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Crear visiones de lugares venideros y saber que siempre serán lejanos, inalcanzables como todo ideal. Huir lo viejo. Mirar el filo que corta un agua espumosa y pesada. Arrancarse de lo conocido. Beber lo que viene. Tener alma de proa.
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En el arte no hay malos motivos; hay motivos mal empleados.
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¡Ahí vienen, ahí vienen! ¿No los veis? Las piernas oscilando, rítmicamente, como metrónomo. Merecen ser una invención prusiana.
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No sé cuantas cosas se amontonaron en mi soledad. Eran cosas que un hombre jamás se confiesa.
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El caballo galopaba libremente, la confianza del jinete depositada en instinto seguro.
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La brisa disgrega el pecho en rezos.
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Sí, humílleme, pero algún día, si Dios quiere, nos hemos de encontrar cara a cara.
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Azules tus ojos. Azules y largos, como un deseo perezoso, cuando el cansancio pesa en tus párpados caídos.
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No me mire, vida mía, con esa cara tan mala, que el corazón se me quiebra como una hojita de chala.
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Siete verdades llevo, que he arrancado a mi alma para dar al mundo. Y a su vez pregunta: Y tú ¿qué llevas que caminas tan alado?
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Tengo miedo de mirar mi dolor. No vaya a ser que me quede demasiado grande. Prefiero calzar mi deber como una valentía de espuelas e hincando mi pereza, que quisiera morir cobardemente, andar con frente firme ante la pampa yerma del dolor de los otros. Só