¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!
Un hijo es una pregunta que le hacemos al destino.
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Más de José María Pemán
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Sus palabras son casi hechos, sus gestos son casi acciones, ¿cabe elocuencia más alta y más perfecta? Como que ésta es la fórmula misma de la elocuencia de Dios, cuyas palabras, según los teólogos, obran lo mismo que dicen.
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A una madre se la quiere
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Y es que Andalucía