Por la carne también se llega al cielo. Hay pájaros que sueñan que son pájaros y se despiertan ángeles.
Ya me hundo a buscarme en un te amé que quiso ser te amo, donde se desenrolla un caracol atónito al descubrir el fondo salobre de sus ecos, y los confesonarios desenredan mis arrepentimientos mentirosos. Ya me voy con mi muerte de música a otra parte. Ya
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La noche, que me espía por el ojo de la cerradura del sueño, gotea estrellas de ruidos inconexos.