A los otros no rehusar nada, para sí mismo no exigir nada.
Yo amo la China y a los chinos; en medio ellos quiero morir, y entre ellos ser sepultado.
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El idioma que todos entienden es el amor.
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El mejor lugar en el mundo será siempre aquél en donde Dios me quiera.
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La mano del sacerdote está para bendecir, no para castigar.