Una, cuando me engendraron. Y otra, cuando yo me inventé.
Yo fui la primera que dije que el TLC no nos serviría, sólo para ponernos encima la bota de los gringos. Ahora los mexicanos sólo servimos para vender tacos y fritangas en las esquinas de nuestra bella ciudad
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El dinero no da la felicidad, ah, pero como calma los nervios.
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Mire, señorita, yo he estado muy ocupada viviendo mi vida y no he tenido tiempo para contarla.
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Si todos los hombres fueran tan feos como usted, claro que sería lesbiana.